No, hoy no busco el Vigo histórico, sino el Vigo contemporáneo. Una ciudad abierta al mar. Ese parece ser el espíritu que trata de transmitir con las nuevas construcciones que se han realizado o que se proyectan.
De entre todas ellas hay una que me gusta especialemente y es el edificio de usos múltiples de la Xunta de Galicia. El conjunto está situado al lado de la zona portuaria, cercano al puerto deportivo del Club Naútico y abierto a la Ría. Del lado contrario se encuentra la calle Montero Ríos con magnificos edificios historicistas y modernistas y la calle Arenal.
Realizado por los arquitectos Esteve Bonell y Josep Maria Gil Guitart, se inició su construcción en 1995 y se inauguró hacia el año 2003. El edificio es una única pieza en dos volúmenes, configurados a distintas escalas, que repite un mismo tema formal. Las dos piezas prismáticas ofrecen hacia la banda ajardinada, trazada en paralelo con el borde del mar, sus frentes de cristal hundidos en ángulo cóncavo, enmarcados por los cerramientos laterales de piedra y las cubiertas planas, que completan las cajas envolventes. Las fachadas laterales se cierran con una doble piel constituida, en su capa exterior, por una celosía de piedra, intercalada con un orden monótono de aberturas, tras la que se dispone una piel continua de cristal. Esta solución tan mediterránea se transforma, mediante la expresividad del material, en una solución adecuada para el paisaje y el clima de Vigo (Guía de Arquitectura de Vigo, 1930-2000
Fernando Agrasar Quiroga. Isbn 84-85665-44-9).
La horizontalidad de su cuerpo más occidental y la verticalidad del cuerpo oriental, reproduciendo ambos el mismo ritmo y las mismas formas de vanos y pisos, remarca la racionalidad del edificio. Esta aparente frialdad y ausencia de decoración se contrasta con los jardines y la plaza que le rodea por un lado y el puerto y el azul del mar por otro. Me gusta especialmente el remate de las fachadas laterales, cóncavas triangulares, o los grandes voladizos que las cierran.
Creo que los arquitectos han sabido plasmar muy bien el carácter de un edificio administrativo y la separación que debe haber entre el vigo tradicional decimonónico y el nuevo Vigo industrial y terciario del siglo XXI.
Merece la pena venir a verlo y, por supuesto, disfrutar de las playas, la zona comercial y la gastronomía típicamente gallega.






























