viernes, 29 de enero de 2016

La promesa de Isabel



La historia nos demostró cuán dificil fue para la reina Isabel de Castilla llegar a ser reina de Castilla. Separados de su madre que estaba retenida y custodiada como reina madre en el castillo de Arévalo, Alfonso e Isabel fueron llevados a la Corte de su hermanastro y rey, Enrique IV. 
Allí debieron de sortear todo tipo de intrigas y vieron cómo sus derechos sucesorios eran ninguneados por el rey en favor de su hija Juana, fruto del matrimonio con la portuguesa Juana de Avis.  

La "farsa de Ávila", una pantomima donde un grupo de poderosos nobles hacía deponer a un muñeco del rey Enrique en favor de Alfonso, parecía que giraba la suerte del reino hacia los hermanos. Sin embargo, en extrañas circunstancias, Alfonso murió en Cardeñosa, en 1468.
Isabel se quedó sola ante el rey Enrique IV, que la apreciaba pero no la consideraba digna a la sucesión de Castilla. Isabel consiguió que el rey la reconociera heredera en Guisando, en 1468, pero los partidarios de Juana la "Beltraneja" -como la apodaban en Castilla- eran cada vez mayores y además, tenía el apoyo de Portugal. Isabel optó por buscar alianzas fuera del territorio, en Aragón. 

Fernando e Isabel eran primos por lo que necesitaban una Bula papal para su matrimonio. Conseguida con dificultad y logrando despistar a los nobles que la custodiaban, Isabel se casó con Fernando de Aragón en 1469. Es el inicio de la Monarquía Hispánica y del reinado de los reyes Católicos. En 1475 Isabel fue proclamada reina de Castilla tras la muerte de Enrique IV. Se inicia así una guerra civil interminable con los partidarios de Juana y con la nobleza más poderosa que veía en la alianza de Isabel con Aragón, las ciudades y la Iglesia el principio del fin de su poder político medieval. 

La reina Isabel no olvidó nunca los años de padecimiento de ella y de su hermano Alfonso bajo la tutela de Enrique IV. Jamás le perdonó al rey el destierro de su madre en Arévalo. De ahí que la reina había prometido sepultar a sus padres y a su hermano con las dignidades del rey que nunca fue y a ellos de los reyes "buenos" que fueron para Castilla. Los primeros tesoros de América le ayudaron a financiar la obra.

Eligió un entorno amable y muy querido de su padre, un monasterio cartujo a las afueras de Burgos: la cartuja de Miraflores. 



El edificio es un discreto cenobio gótico, engrandecido por la reina. La Iglesia es de una sola planta pero en ella destacan el conjunto de las tumbas reales y el retablo, todas ellas obra del arquitecto-escultor Diego Gil de Siloé. 

Siloé culmina con estas esculturas un siglo de escultura castellana, heredera de las formas borgoñonas de Jean de Lomé y de Claus Slutter. En las tumbas, volúmenes potentes, figuras muy macizas, grandes ropajes con pliegues muy volumétricos, acentuado realismo pero tendiendo a la idealización al ser figuras de la monarquía. Al realizarlas en alabastro son un maravilloso ejercicio escultórico por su detallismo, su minuciosidad, su perfección técnica. Merece mucho la pena en sepulcro de su hermano, en actitud orante, muy en la tradición castellana del siglo XV.







En el retablo, una fantástica y muy original composición, evitando las calles típicas de los retablos de origen flamenco y con una policromía excepcional, fruto del trabajo del maestro Diego de la Cruz.






Algunas imágenes y alguna web para que podáis profundizar en esta obra...








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