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domingo, 8 de noviembre de 2015

Anfiteatro Flavio (II)




Cuando el Emperador Vespasiano decidió arrasar parte de la Domus Aurea o palacio imperial del emperador Nerón, sobre todo, el gran lago interior y retirar la gran estatua colosal que se hizo construir a sí mismo, muchos vieron un gesto popular del nuevo monarca hacia el pueblo de Roma: lejos de las excentricidades de Nerón, Vespasiano y Tito, buscaban la aclamación popular para consolidar su nueva dinastía familiar. Y que mejor decisión que construir un inmenso edificio de espectáculos, en la llanura que había quedado entre las principales colinas romanas, al final del foro imperial. 

El edifico cierra el conjunto monumental urbano de Roma: a un lado, el Palacio Imperial; al otro, los foros, republicano, de Julio César y de Augusto; en un extremo, la colina Capitolina, con los principales templos y el Senado; cerrando el espacio, el nuevo anfiteatro Flavio.

La obra se hizo rápido. Para el año 79dc., y bajo mandato de Tito, ya se había hecho el tercer piso de gradas, es decir, prácticamente estaba terminado en escasamente 8-9 años. Un colosal edificio de espectáculos hecho en apenas 8 años...¿Cómo fue esto posible?




Probablemente, el botín de las guerras en Judea (actual Israel) permitió financiar la contratación de miles de trabajadores (algunos hablan de hasta una cuarta parte de la población durante diez años...) y debieron llegar de todo el Imperio ingenieros para ofrecer soluciones a tan vasto proyecto. Nada se sabe con concrección de si hubo o no un maestro de obras principal. Se barajan nombres como Rabirio, Severo, Gaudencio o incluso Apolodoro de Damasco, aunque se sabe que este último llegó a Roma en el año 105.

Pero lo importante para nosotros no es el quién, sino el cómo. ¿Cómo sujetar con éxito tres enormes graderíos superpuestos y que además de permitir contener a miles de personas tuvieran un acceso fácil y rápido desde el exterior del edificio?

Los romanos ya llevaban muchos años construyendo este tipo de edificios, por lo que el método no era el problema pero sí la aplicación a tan gran escala. 

Observemos primero que el edificio tiene 3 grandes plantas pero la primera es clave por cuanto es la zona de acceso principal a todas las gradas, altas y bajas. El acceso a la primera fila, la más importante por cuanto era la dedicada a los patricios y senadores, se realizaba a través de unos pasillos transversales y la distribución por toda la elipse del anfiteatro lo hacía un gran pasillo cubierto con una bóveda anular, que a la vez servía de sostén a esas mismas gradas. De ese pasillo, unas rampas permitían salir a la grada a través de puertas o vomitorios.





Aunque la imagen es de Nimes, nos permite entender el acceso a las gradas desde los diferentes pisos.

En esta descripción ya aparece uno de los elementos clave en esta construcción, las bóvedas de cañón. Veamos una imagen de esas bóvedas de cañón anulares que organizaban cada piso.




A partir del piso bajo, se accedía a la primera planta a través de un conjunto de escaleras monumentales que se distribuían por todo el perímetro. Estas escaleras estaban construidas en el espacio que había entre grandes muros de piedra radiales que se organizaban alrededor de todo el edificio. El espacio de las escaleras estaba cubierto con bóvedas de cañón, que a su vez sostenían el piso siguiente. Los aristócratas y ricos hombres de Roma apenas subían escaleras pero un plebeyo que tuviera que acceder a segundo o tercer piso podía fácilmente subir más de 200 escalones. 





Ya tenemos el segundo elemento clave, los grandes muros de mampostería o machones que uno tras otro iban siguiendo radialmente la forma elíptica del edificio. 
Estos muros se pueden apreciar muy bien en casi todas las imágenes que tenemos del interior y son claves en la construcción pues son el elemento sustentante principal de cada nivel de graderíos. No son ni uno, ni dos machones, sino cientos de ellos repartidos sistemáticamente por todo el perímetro.




Los machones o muros de sostén permiten realizar bóvedas de cañón que sostienen las gradas. Son tal cantidad de bóvedas que el reparto de los esfuerzos es amplio y las gradas se pueden construir con facilidad. Igualmente, estas bóvedas entre machón y machón son espacio para escaleras de acceso a pisos superiores o para galerías de acceso a los vomitorios (aun hoy se sale a la arena por ellos desde los pasillos interiores de los pisos) o, simplemente, galerías ciegas para mantener el ritmo constructivo. 




Algunas de estas bóvedas aun se conservan y algunas están reconstruidas. Ambas fotos nos permiten apreciar muy bien tanto los machones como las bóvedas. Estas recubiertas con cemento, quedaban consolidadas y listas para soportar las gradas encima de ellas. 


El cuarto piso ya no dispone de esta estructura y se basaba en una obra de madera, menos resistente al paso del tiempo pero de más barata construcción. 

Por tanto, ya tenemos construido el edificio: arcos, bóvedas, machones o muros de soporte. Un concepto clave: la repetición constante de un modelo, las secciones se repiten a todo lo largo del edificio. 

No olvidemos los materiales, piedra tufa volcánica (opus incertium) para rellenar los grades muros, opus caementicum y latericium para los machones y las bóvedas. El cemento más ligero que la piedra, impermeable y muy resistente fue clave para la construcción. El ladrillo, clave en los arcos.  

Veamos una magnífica reconstrucción, un corte lateral del edificio. En ella, se aprecia perfectamente las escaleras de acceso, los muros de sostén, la inclinación creciente de las gradas para una mejor visión de los espectadores, las bóvedas anulares y longitudinales de cañón, todo ello clave en la construcción.


Un par de vídeos, uno más corto y general y otro, más largo y preciso, sobre la construcción del Anfiteatro Flavio. Finalmente, una website donde podéis ver espectaculares fotos a gran tamaño.






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sábado, 31 de octubre de 2015

Anfiteatro Flavio I



La novela histórica, primero, y después Hollywood han encendido y aun encienden en generaciones de niños, adolescentes y mayores la pasión por el mundo romano y, fundamentalmente, por los espectáculos de ocio que los romanos tenían y que se alejan de nuestros patrones actuales de diversión. No hablamos del teatro, por supuesto, ni siquiera de las carreras de cuadrigas o bigas sino, fundamentalmente, de las luchas en el anfiteatro: las luchas entre gladiadores, las luchas entre animales y gladiadores, las paradas de animales exóticos o las naucrarias o batallas navales. 





Apasionantes espectáculos, sin duda, pero lejos de nuestra misión docente en este caso. No nos interesa el contenido sino el contenedor: el anfiteatro.

Pocas construcciones romanas encarnan tan perfectamente el espíritu ingenieril de los romanos: son edificios prácticos. No exentos de elegancia y belleza pero prácticos por encima de todo. Hay que alojar a miles de espectadores cómodamente, con una visión perfecta de la arena donde se realizaban los combates, con un acceso a las localidades sencillo y rápido, con un desalojo igual de rápido y con la posibilidad de deambular fácilmente por el interior del edificio.

Hoy en día visitamos miles de estadios deportivos y de palacios de deportes y espectáculos. Las formas arquitectónicas actuales nos maravillan por su capacidad de hallar soluciones insólitas para cerrar y organizar espacios así como de sorprendernos por su elegancia. pero no debemos olvidar que todos y cada uno de estos edificios siguen un patrón base, la esencia del edificio de ocio: el anfiteatro romano.

Y es puramente romano. Ni etrusco, ni griego, romano. Son, además, el símbolo de muchas ciudades actuales porque aun, trascurridos dos mil años, siguen perfectamente en pie e incluso algunos funcionando.





¿Cuál es el secreto de estas construcciones? Sin ninguna duda, los enormes graderios en elevación que construyeron para albergar miles de plazas de espectadores. ¿Dónde está el secreto de estas gradas? Un análisis rápido de las mismas nos descubre el misterio: la perfecta e ingeniosa combinación entre la bóveda y el muro.




Cualquier tarde domingo que uno escuche la radio en España se encontrará con la retransmisión en directo de los partidos de fútbol. Y seguramente escuchará más de una vez referirse a los estadios como "coliseos". Es cierto. El más grande y colosal anfiteatro romano, el anfiteatro Flavio, comúnmente llamado "Coliseo" ha prestado su nombre a los grandes estadios del mundo. Este edificio nos servirá de ejemplo de lo que queremos explicar.

No conservamos en España anfiteatros en perfectas condiciones. Aun así hay restos suficientes como para entender el papel preponderante que tenían en la organización y la jerarquía urbana de las ciudades. Los casos de Italica (Santiponce),Segobriga (Saelices en Cuenca), Emerita Augusta (Mérida, Badajoz) y Tarraco (Tarragona) son los más significativos.



Italica

Emerita Augusta

Segobriga

Tarraco




De la combinación mágica entre bóveda y muro hablaremos en la siguiente entrada...

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How do you say in English...?

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